Dominguín y Ava Gardner

Dominguín y Ava Gardner

Ava Gardner y Luis Miguel Dominguín: su historia de pasión entre el ruedo y Hollywood

La historia de amor entre Luis Miguel Domínguín y Ava Gardner constituye una de las anécdotas más fascinantes y glamurosas de la tauromaquia del siglo XX. Este romance, que floreció a mediados de los años cincuenta, reunió a dos de las figuras más deslumbrantes de su época: el torero más célebre de España y la actriz más bella de Hollywood.

¿Cómo se conocieron Ava Gardner y Luis Miguel Dominguín? 

Todo comenzó en 1954, cuando Ava Gardner llegó a España para rodar «La condesa descalza» junto a Humphrey Bogart. La actriz, recién separada de Frank Sinatra y huyendo del acoso de la prensa estadounidense, encontró en Madrid un refugio donde reinventarse. España la sedujo inmediatamente: el carácter apasionado de su gente, la intensidad de la vida nocturna, el flamenco y, sobre todo, los toros.

Dominguín era entonces la gran figura del toreo español, heredero de una dinastía taurina y rival de Antonio Ordóñez en la que sería recordada como la competencia más épica de la historia de los ruedos. Guapo, culto, políglota y con amistades en el mundo del arte y la literatura, Luis Miguel representaba la aristocracia del toreo. Era inevitable que sus caminos se cruzaran.

El primer encuentro tuvo lugar en una corrida en la plaza de toros de Las Ventas. Ava quedó hipnotizada por la elegancia y el valor de aquel hombre vestido de luces que dominaba al toro con una mezcla de arte y temeridad. Dominguín, por su parte, quedó cautivado por aquella mujer de ojos verdes y belleza arrebatadora que lo observaba desde el tendido con una intensidad poco común entre las señoritas de la alta sociedad madrileña.

La vida nocturna de Ava Gardner y su relación tormentosa con Dominguín

La relación se desarrolló con la intensidad de una faena. Dominguín cortejó a Gardner con el mismo arrojo con que toreaba, y ella respondió con la pasión desenfrenada que caracterizaba su temperamento. Pronto se les veía juntos en todos los sitios de moda de Madrid: en Chicote, en Villa Rosa, en las tertulias del Café Gijón. España entera seguía los pasos de aquella pareja imposible.

¿Por qué Ava Gardner se enamoró de Luis Miguel Dominguín?

Ava comenzó a seguir a Luis Miguel por toda la geografía taurina española. Asistía a sus corridas en primera fila, sufría con cada lance peligroso y celebraba sus triunfos con la emoción de una aficionada conversa. La actriz llegó a confesar que nunca había experimentado tal fascinación por ningún hombre como la que sentía al ver a Domínguín enfrentarse a la muerte en el ruedo.

El torero, envalentonado por la presencia de su musa, se crecía ante ella y ejecutaba faenas cada vez más arriesgadas. Cuenta la leyenda que en más de una ocasión dedicó el toro a la estrella de Hollywood, arrojándole la montera antes de comenzar la faena, gesto que provocaba el delirio del público y las lágrimas emocionadas de Gardner.

Ava Gardner, Dominguín Y Hemingway. El triángulo 

La relación se complicó con la aparición de Ernest Hemingway, quien mantenía una estrecha amistad con Domínguín pero también sentía una evidente atracción por Ava Gardner. El escritor estadounidense, gran aficionado a los toros, documentó aquellos años en lo que sería su última gran obra sobre tauromaquia. Los tres formaron un triángulo fascinante: el torero, la actriz y el novelista, unidos por la pasión por España y por una amistad teñida de tensión erótica.

Hemingway observaba con mezcla de admiración y celos la relación entre Dominguín y Gardner. En sus cartas privadas dejó constancia de su propia fascinación por la actriz y de su compleja relación con el torero, a quien admiraba profundamente como artista pero con quien competía sutilmente por la atención de Ava.

El final inevitable del romance de Ava Gardner y Luis Miguel Dominguín

Como todas las grandes pasiones, aquella relación estaba destinada a consumirse en su propio fuego. Las diferencias culturales, los compromisos profesionales de ambos y, sobre todo, el carácter volcánico de los dos protagonistas hicieron imposible la continuidad. Ava debía regresar periódicamente a Hollywood, mientras Domínguín tenía contratos por toda España y América. La distancia y los celos erosionaron lo que parecía indestructible.

Finalmente, Dominguín se casó con la actriz italiana Lucía Bosè en 1955, apenas un año después de conocer a Gardner. Ava siguió visitando España durante años, pero la magia de aquel encuentro inicial se había desvanecido. Sin embargo, ambos guardaron para siempre el recuerdo de aquellos meses de pasión en el Madrid de los cincuenta, cuando el glamour de Hollywood se fundió con el arte y el riesgo del toreo español, creando una de las historias románticas más legendarias del siglo XX.